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¿Y SI DIOS FUERA MUJER?

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¿Y si Dios fuera mujer? 
pregunta Juan sin inmutarse, 
vaya, vaya si Dios fuera mujer 
es posible que agnósticos y ateos 
no dijéramos no con la cabeza 
y dijéramos sí con las entrañas. 

Si Dios fuera una mujer [Extracto] – Mario Benedetti

Qué pasaría si un día fuéramos en contra de la historia. La que coloca al hombre como el epicentro de prácticamente todos los hechos, mitos y leyendas de la humanidad.

Imaginemos una narración desde lo femenino, solamente como un experimento. Ojo, este ejercicio no lleva un tono de reclamo, es una simple invitación a reflexionar.

Dejemos a un lado la política y el entorno sociocultural. Vayamos a los mitos, las leyendas y las fábulas.

Por ejemplo, el Conejo de Pascua, ¿podría en realidad ser una coneja? Tendría más lógica, porque aunque los conejos no ponen huevos, las hembras son las responsables traer al mundo nuevos conejitos. A menos que esta tradición lleve un mensaje subliminal y promueva que los conejos son los que tienen los huevos. Entonces sería una tradición mexicana… pero no lo es.

El Ratón de los Dientes -o el Ratón Pérez como es conocido en España y Latinoamérica- podría sin ningún problema ser una ratona. Lo único que hace es intercambiar molares o colmillos, por dinero.

Santa Claus, ¿podría ser mujer? Seguramente, o al menos podría alternar con la Sra. Claus la importante tarea de repartir juguetes a todos los niños (y niñas) del mundo.

El Ropavejero, bien podría ser una mujer y la leyenda quedaría intacta.

Ahora, ¿qué fabulas, mitos o leyendas son narradas desde una figura femenina? Curiosamente predominan las que son terroríficas y atemorizantes. Como La Llorona, La Medusa o una amplia gama de brujas presentes en los cuentos de hadas.

Las mujeres somos protagonistas de muchas historias no deseables. ¡Hasta en los pasajes bíblicos! Tenemos como ejemplo a Eva y el pecado original, o el pasado de María Magdalena.

Pero regresemos al punto. Históricamente el género masculino ha desplazado al femenino, hasta en las historias para niños (y niñas). Y esto ha forjado una ley cultural. El hombre y lo masculino por encima de la individualidad y la colectividad femenina.

No importa si diez mujeres integran una familia, con la presencia de un solo hombre, éste desplaza su identidad y las agrupa en el plural masculino. ‘Los Gómez, Los Sánchez, Los López…. Un ‘Los’ que las incluye a ellas, aunque sean mayoría.