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IGUALES Y DIFERENTES

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Si algún día tengo la fortuna de ser madre y tengo un hijo, enfrentaré muchos problemas en caso de que sea mujer. Porque cómo voy a explicarle que llega a un mundo donde por el hecho de ser niña, tiene múltiples desventajas.

De entrada, le tendría que decir por el mismo trabajo ganará menos dinero que un hombre. Y que si quiere ser política, directiva de una empresa o una profesionista exitosa, a diferencia de un niño, tiene menos probabilidades matemáticas de lograrlo.

Si le explico, crecería sabiendo que su sexo será su estigma. También se sentiría agobiada cuando se diera cuenta que para lograr la aceptación de los demás debe inclinarse por el rosa, las flores y las muñecas, aunque tenga otras preferencias.

Y notará que hay hombres que mientras le ceden el paso o le abren una puerta, también disfrutan de ver a mujeres en posiciones ridículas y con ropa incómoda anunciando sus productos favoritos. Como animales de circo.

Incluso podría tener la mala suerte de encontrar su “media naranja” y viviría una relación donde se convertiría en el complemento de un hombre. En lugar de la suma de dos personas que mantienen, respetan y procuran su individualidad.

Pero yo no podré hacer nada para ocultar ese mundo. Porque sería peor, le daría golpes de realidad todos los días. Por  contrario, desde muy pequeña le explicaré que la historia puede cambiar. Aunque muchos pensarán que estoy arruinando su infancia

Pero están equivocados. Ella no debe considerar “normal” un mundo plagado de desigualdades de género. Debe verlo antinatural, debe luchar contra él. Porque es lo correcto.

Ella debe tener la certeza de que es capaz de hacer lo que sea si se lo propone. Yo siempre estaré para respaldarla, acompañarla en sus luchas, en las calles o en los tribunales. Lo que sea necesario para que ella sea ella, y ella esté para ella, y que no necesite las prerrogativas de ellos, para lograrlo.